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Archive for the ‘Arquitectura clásica’ Category

arquitectura romana en Gijón

Si bien se conoce su trazado, adaptado con gran coherencia a las condiciones topográficas del lugar, de la fortificación quedan en pie escasos vestigios, que el recrecido actual, tan espectacular como discutibles, oculta y minimiza en buena medida. Sólidamente cimentada y de gran espesor, con lienzos de doble paramento reforzados a intervalos regulares por torres semicirculares peraltadas, la muralla fue resuelta con pericia y funcionalidad. Se extendía a lo largo de aproximadamente un Km, ciñendo el frente vulnerable de la ciudad a los pies del cerro de Santa Catalina. Corresponde al Bajo Imperio, cuando se fortifican numerosas civitas del noroeste hispano. Los restos de la puerta monumental, junto a la Torre del reloj; consignan un amplio pasaje flanqueado por dos torres, claramente diferenciadas por su plan cuadrangular; el ingreso se supone cubierto por doble arco. En este mismo sector, se aprecian en la base del muro hiladas de aparejo rectangular de junturas vivas, donde las muescas en cola de milano representan la huella de una sofisticada técnica de ensamblaje. Independientemente del estado de conservación fragmentario y de su actual apariencia mistificada, la muralla posee una evidente pertinencia arquitectónica, erigiéndose además en testimonio del urbanismo romano en Asturias.

Fernando A. Marín Valdés

Read More11 enero, 2012 0:05 - Posted by Pujades Arquitectura

… con los mayores honores debo saludaros, pues el mundo posee ciertamente muchos reyes, ¡pero sólo un Miguel Angel!…

Pietro Aretino

 Capilla Sixtina

Miguel Angel, había mamado con la leche de la nodriza en Settignano el amor a la piedra, que se sentía nacido para la piedra y cuyas últimas obras, entre ellas el grandioso Torso para un altar, eran nuevamente de piedra, no se hubiera consagrado nunca a la pintura por propia iniciativa. Sólo con reticencia se dejó llevar a la pintura y su primer encargo en esa técnica fue la bóveda de la capilla Sixtina, llamada así por su constructor, el papa Sixto IV, se convertiría inmediatamente en una de las obras cumbre de la historia de la pintura. Y eso que Miguel Angel apenas había destacado anteriormente como pintor: había aprendido, sí, las técnicas pictóricas en el taller del maestro Ghirlandaio, pero más que el fresco y el óleo le interesaron las esculturas de la Antigüedad que se iban desenterrando paulatinamente en su tiempo y que fueron a engrasar las colecciones de los Médici, así como las obras de los escultores que se habían consagrado también a los ideales clásicos, por ejemplo Donatello. Ya su primera pintura, el TONTO DONI que representa a la Sagrada Familia, le proyectó en 1504 más allá de los límites de su nativa Florencia como un pintor cuyo lenguaje formal, cuyo trazo y , sobre todo, cuyas figuras humanas estaban marcadas por una visión hasta entonces desconocida. Musculosas y robustas aparecen las figuras, casi atléticas, y seguramente se entendió de inmediato que aquella era la obra de un artista que sabía como incorporar sin solución de continuidad el espíritu de la Antigüedad en los temas bíblicos cristianos. Cuando Miguel Angel fue llamado por el para Julio II a Roma en 1505, la fama que le antecedía no era debida a su actividad como pintor sino a la de escultor. Allí debía creas la tumba más importante hasta entonces creada para un papa. Pero ya tres años después, cuando apenas había terminado una parte, un arranque caprichoso del papa obligó al escultor a pintar la bóveda de la capilla Sextina. Pese a que un viejo rumor sugería que Bramante había intrigado contra Miguel Angel para poner en evidencia que el gran escultor no esta tan experimentado y sí menos hábil como pintor, esa afirmación pierde toda solidez cuando vemos que Miguel Angel inmortalizó a ese mismo Bramante en la digna figura del profeta Zacarías. El brusco cambio de opinión del papa puede verse justificado por el hecho de que la tumba, originalmente pensada par ala antigua Basílica de San Pedro, habría tenido que esperar por largo tiempo hasta ser erigida en la nueva basílica recién proyectada.
Las pinturas de la bóveda nos presentan hoy a un Miguel Angel que pintaba con colores fuertes y brillantes y no como algunos investigadores habían denominado con un “tono pétreo dominante del marco arquitectónico”, “tonalidad cromática oscura” o de una “poética de la puesta del sol”.

Read More18 diciembre, 2011 13:12 - Posted by Pujades Arquitectura