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La hierba roja
.. Es preferible sentirse decepcionado que seguir esperando en el vacío…
… Se lavó las manos, se dejó bigote, constató que no le favorecía, se lo afeitó inmediatamente y se anudó la corbata de otra, más voluminosa, manera, ya que la moda acababa de cambiar…
… Allí la hierba no era roja, sino de un hermoso verde artificial…
…Consciente sólo a medias, intentó un último esfuerzo para parar el timbre del despertador, pero el aparato viscoso, se le escapó y se refugió, hecho un ovillo, en un rincón de la mesilla de noche, desde conde siguió jadeante y furioso, con su carillón, hasta el agotamiento total..
“la hierba roja”
Boris Vian es uno de los raros autores que ha dejado tras de sí, a pocos años de su muerte que le sobrevino prematuramente, toda una leyenda. Estaba dotado de una personalidad polifacética y rica, ávida, vial y artística. Ingeniero, músico, cantante, actor, periodista, inventor, pintor y una larga lista de dedicaciones.
La hierba roja (1950) es una rica fantasía poética al servicio de un tema, de un mundo inexplorado.
Boris Vian
Nació en Ville d´Avray (Francia) en 1920. A los doce años creó con sus hermanos su primera orquesta. Hacia 1938 empezó a apasionarse por el jazz e inició estudios de trompeta. Se licenció en ingeniería en 1943. Al término de la Segunda Guerra mundial colaboró en las revistas “Temps Modernes, Combat y Jazz Hot”. Tras el éxito de Escupiré sobre vuestra tumba abandonó su profesión de ingeniero para dedicarse a escribir, además de a otros mucho oficios: crítico musical, traductor, cantante, autor de canciones y director artístico de dos compañías discográficas. Falleció en 1959 en París.

Con las mujeres no hay manera
…Nunca me sentí tan feliz físicamente como ahora, en casa del amigo de Ritchie, bajo una buena ducha, con una pastilla de jabón, una toalla… y, al otro lado, la perspectiva de vestirme de hombre. Pues, a la larga, comprendo que las ropas de mujer me sientan como un tiro y sería una lástima desaprovechar mi imagen…
Entre los muchos talentos de Vian estuvo el de la metamorfosis: doblado de escritor policíaco americano de la serie negra, escribió varios thrillers en la mejor tradición dura, bajo el seudónimo de V. Sullivan.
La hierba roja
…Caminaban uno al lado del otro, sin preocuparse del camino…Wolf extendió el brazo izquierdo para indicar que iba a girar, y entraron en la primera casa. Era una casa poco crecida, de apenas un piso… Desde allí se accedía sin esfuerzo a las cavernas. Bastaba con cargarse al guardián, lo cual fue cosa fácil, ya que no le quedaba más que un diente…
La hierba roja es una obra maestra de un nuevo arte de narrar. El amor y la muerte, corolario de una existencia acosada por los fantasmas del pasado, se funden en un paisaje irreal, patético e inquietante, en una novela llena de fantasía y de una rara belleza.
El otoño en Pekín
…Acababa de comer. El trozo de queso, que había sobrado, bullía perezosamente en el plato malva con agujeros malva. Claude se sirvió para terminar, un vaso lleno de agua de litina, sabor caramelo, y la oyó bajar a lo largo de su esófago. Las burbujas, que ascendían contra corriente, producían un ruido metálico al estallar en su faringe…
En el mundo de Vian todo es posible, incluso que Amadis Dudu perdiese todos los autobuses, una mañana en que se niegan a transportarlo, o que el pacífico burócrata Claude León se convirtiese en asesino a pesar suyo, sólo por llevar un revólver en el bolsillo.
Escupiré sobre vuestra tumba
… Todo dormitaba vagamente en le interior del coche. Aceleré. Debía conducirle hasta el empalme directo de Murchison Junctiom, donde cogería el rápido del Norte. Había decidido irse a Nueva Cork. Tom era un buen tipo. Un buen tipo demasiado sentimental. Demasiado humilde…
El libro levantó una polvareda de escándalo y sufrió un proceso en el que Vian y su editor fueron condenados por “ultraje a la moral y las buenas costumbres” pero acabó por ser un gran éxito comercial.
La merienda de los generales
…Una habitación en casa del general James Audubon Wilson de la Pétardiére-Frenouillou. Interior burgués coqueto pero anticuado en el que se siente la presencia de una vieja madre de aliento fétido…
Es una de las obras de teatro más picantes y absurdas, y no fue publicada hasta 1962, tres después de su muerte. En años sucesivos, las obras de Boris Vian han sido representadas en todos los países, cosechando críticas tanto favorables como contrarias.







